< Horizontes agredidos >

Los ensueños del horizonte de Gloria Rubio.

Michel Hubert Lépjcouché

“Sufres de finitud, estás despojado del secreto, regresas, pues, esfúmale en La noche que cae.” Yves Bonnefoy

Está claro que la metamorfosis de un solo horizonte en varias “líneas de tierra” implica por parte de Gloria Rubio un mayor interés por esa dimensión maternal de una tierra creadora de la vida, al contrario que Bonnefoy, que quizás ha sido el poeta que mejor expresó esta implicación trascendental de nuestra finitud frente al horizonte que limita cualquier paisaje que estamos mirando. En realidad, para él no es tanto la muerte la que se adivina tras el horizonte, también su línea esconde la promesa de un lugar único y maravilloso donde mora la harmonía que tanto deseamos para nuestra vida, En su libro Larriére pays (1), Bonnefoy se sirve de las colinas deToscana, presentes en numerosas predelas pintadas por los primitivos de esta región italiana para escenificar lo frágil y azaroso de la condición humana: el camino que conduce hacia el horizonte formado por estas colinas se divide de repente en dos, y con la consiguiente elección para seguir avanzando se acierta o hierra la meta que consiste en llegar al “lugar” escondido de la harmonía prometida.

Como prueba del gran interés de Gloria Rubio por una poética de la tierra mucho más sensual y matérica, ahí están esas hileras de alfileres y esos caminos de lana que se salen del espacio pintado para seguir reivindicando su papel de huellas de lo humano. Nada mejor que su presencia en los márgenes para hacernos comprender que a esta artista le interesa mucho más cualquier evocación de lo tangible sacado de nuestro universo doméstico, humilde y perecedero, que la más alta especulación filosófica sobre lo inabarcable de la inmensidad cósmica. En los márgenes de la realidad es donde se inician los sueños con los que buscamos olvidarnos de nuestras penas. Seguro que mi atrevimiento en relacionar estas líneas de tierra con las que trazan los pintores aborígenes de un círculo a otro se debe a esta común necesidad de humanizar el camino cuando el entorno se hace demasiado inexplicable, aterrador y frío. Tanto en los aborígenes, como en Bonnefoy o Gloria Rubio, el deseo de dar un sentido armónico a la vida es el que nos hace soñar caminando por las líneas de la tierra. Sufrimos de finitud, estamos despojados del secreto que nos mantiene ciegos y vulnerables, pero aún tenemos los ensueños para esfumamos en la noche que cae.

Texto del catálogo editado por Kultur Basauri

Detalle

“Horizontes agredidos” 2003.

 Acrílico y alfileres sobre lienzo. 300 x 200 cm, cuatro piezas de 50 x 200 cm y una pieza de 100 x 200 cm

“Horizontes agredidos” 2004.

Acrílico, lana y alfileres sobre lienzo. 200 x 100 cm.

Detalle

Detalle

“Horizontes agredidos” 2004.

Lana y alfileres sobre lienzo. 6 piezas de 50 x 15 cm.